El infierno doméstico de Louise Bourgeois
Su identificación con el personaje no era nueva. Bourgeois le había dedicado hasta una oda lírica y repetidas referencias a lo largo de su vida. La consideraba un prototipo de "la mujer que no se ha realizado, a la que nunca dieron la posibilidad de crecer".
Bourgeois y Grandet fueron dos mujeres unidas por una relación íntima: la que confiere la experiencia compartida. El padre de la artista, un autoritario bigotudo, también la obligó a dejar la escuela para reparar tapices junto a su madre moribunda, a quien tendría que suceder al frente del negocio familiar. Y después saboteó un matrimonio con su primo, del que estaba enamorada, como ocurre en el libro de Balzac.
Hace cinco años, la Maison de Balzac decidió pedir permiso a Bourgeois para montar una exposición sobre este vínculo. "La escribí para que nos dejara exhibir las obras que tratan sobre las relaciones entre padre e hija. Por sorpresa, Bourgeois fue más ambiciosa y nos pidió que la dejáramos trabajar en nuevas creaciones para la ocasión", cuenta el director de la casa-museo, Yves Gagneux. Se convirtió en su primer trabajo de encargo. El resultado se expone por primera (y última) vez en la casa parisiense del escritor, una residencia de tres plantas en el barrio de Passy, que a Bourgeois le recordaba a la mansión donde creció.
La artista pasó los últimos tres años de su vida trabajando en estas 30 creaciones originales, que van de carnales siluetas con aspecto de modelo anatómico a una delicada serie de miniaturas que funcionan como retrato del personaje balzaquiano en 16 partes.
Ternura infrecuente
Lejos de su trabajo más agresivo, de arañas gigantescas y falos patriarcales, Bour-geois elabora diminutas representaciones de la mujer dominada a base de flores de tela, botones y agujas dispuestas en círculos concéntricos, con una poesía y una ternura que, vista su producción anterior, cuesta no leer en clave irónica.
Para Bourgeois, Eugénie constituyó tanto un referente como un modelo del que distanciarse. Se convirtió en el memento mori que le recordaba que tenía que escapar de la cárcel familiar. Escogió el exilio neoyorquino y logró convertirse en una de las primeras mujeres de verdad reconocidas por el establishment del arte contemporáneo. Hasta tuvo el coraje de convertirse en madre de tres hijos. Pese a que Bourgeoisodiara ser reducida a este concepto, puede que el feminismo fuera esto.
Álex Vicente, París: El infierno doméstico de Louise Bourgeois, Público, 9 de diciembre de 2010