La naturaleza conquista su sitio
Hasta este fructífero periodo apenas se había tratado el paisaje como eje principal de las composiciones, como apunta el catedrático Enrique Valdivieso, autor del prólogo de este estudio, que señala que aunque sí existían pintores dedicados a esta materia, éstos "nunca reflejaron el entorno geográfico sevillano, sino escenarios naturales totalmente imaginarios". Un vacío que no impide que Antonio Reina, doctor en Medicina y doctor en Historia del Arte, proponga un minucioso rastreo por las etapas anteriores, deteniéndose en las obras de influencia flamenca, el Renacimiento y los siglos XVII y XVIII. El abrazo de San Joaquín y Santa Ana, de Alejo Fernández, será la primera escena en la que aparecen el cielo y el paisaje dentro de la pintura sevillana. Durante mucho tiempo, sin embargo, los entornos naturales seguirán desempeñando un papel secundario en las obras, a pesar de que la maestría de Velázquez, Zurbarán o Murillo dejaran notables muestras de su talento para reflejar estos motivos, bien tratándolos como elementos subsidiarios de un lienzo o, como en el caso de Zurbarán, artífice del mayor paisaje de la pintura barroca sevillana, Defensa de Cádiz, centrándose en el género.
El comienzo del siglo XIX tampoco anticipaba la decidida apuesta que los pintores locales acabarían haciendo por el paisaje. El primer tercio de siglo, como retrata Reina, registró un considerable empobrecimiento artístico debido a la emulación de Murillo, un nombre que entonces despertaba pasión en los
En el último tercio del siglo XIX se evoluciona hasta una estética realista, un giro en el que sin embargo se mantiene la relevancia de los artistas, con José Jiménez Aranda, José Villegas o Rico Cejudo, un grupo en el que Sánchez Perrier y Manuel García y Rodríguez destacan en la solvencia de sus paisajes. El trabajo, que ganó el Concurso de Monografías Archivo Hispalense de la Diputación, dedica también un apartado a Alcalá de Guadaíra, un "centro de peregrinación" por "su orografía accidentada, sus pinares y vegetación", las ruinas de su castillo y el río, elementos que hicieron de la localidad "una verdadera escuela de paisaje".
La colección de arte de la Diputación también acaba de editar La piel de la arquitectura. Yeserías sevillanas de los siglos XVII y XVIII, un estudio del historiador del arte Alfredo J. Morales, que viene a cubrir el vacío académico sobre la ornamentación de este periodo y que reivindica el papel protagonista que ésta desempeña en las construcciones.
Braulio Ortiz / Sevilla: La naturaleza conquista su sitio, Diario de Sevilla, de diciembre de 2010