Más allá de la vida
En busca de la máxima singularidad, los primeros monumentos surgen aisladamente, en fincas privadas, puntos estratégicos de la red viaria u ocupando accidentes privilegiados del terreno, pero desde muy pronto se empiezan también a elegir para la sepultura los espacios más cercanos a las puertas en la muralla, los cruces de las vías o la proximidad a circos y anfiteatros, asegurándose con ello la accesibilidad de la tumba, la visita continuada de los conciudadanos (garantía de supervivencia) y, por qué no, la satisfacción de la propia vanidad, al convertirse el sepulcro en uno de los elementos más visibles y efectivos de la propaganda familiar. Esto no evitó que, con mayor frecuencia de la deseada, esos mismos monumentos fueran utilizados como base de pintadas de propaganda electoral, anuncios de espectáculos o simplemente graffitti amorosos, muy adecuados en un espacio donde solían producirse citas clandestinas o se exponían con libertad las prostitutas; sin olvidar su derivación habitual como letrinas (para aguas menores y también mayores), a tenor de los testimonios de la época que condenan tal práctica.
Los caminos de salida no eran, sin embargo, los únicos a condicionar la disposición de los enterramientos, pues con frecuencia se construían otras vías secundarias que facilitaban el trasiego por el interior de la necrópolis y el acceso a los distintos monumento
Tumbas localizadas hoy en los puntos más cercanos a las vías no tienen por qué ser las más antiguas; al contrario, es frecuente que respondan a cronologías muy diversas, por haber ocupado de forma progresiva las más recientes los huecos dejados por las anteriores. Se comprueba así un proceso de crecimiento no sujeto a reglas o a normas específicas, reflejo del alto valor del espacio funerario, que explica el aprovechamiento de determinados enterramientos colectivos durante generaciones, la reutilización de tumbas ajenas, a pesar del pecado terrible de violatio sepulcri , o la superposición de enterramientos. Todo ello está perfectamente documentado en Córdoba, cuya tierra apenas da para acoger a más de sus hijos, después de cinco milenios nutriéndose de ellos.
Con las lógicas variaciones en la tipología de las tumbas, el ritual practicado, las ceremonias conmemorativas periódicas o la composición de los ajuares, este panorama permanecerá más o menos inalterado hasta la expansión del Cristianismo que, conforme a la tradición judaica, implanta como rito único la inhumación de los cadáveres y genera poco a poco un paisaje diferente, a partir de los denominados enterramientos ad sanctos , es decir, la disposición de los fieles en torno a los lugares donde habían sido ajusticiados, o inhumados, los más importantes mártires de la comunidad.
A partir de este momento, las aristocracias rivalizarán por descansar para siempre en los lugares más próximos a aquéllos que ya gozaban del favor divino. Ahí está el origen de la práctica posterior, aún vigente, de enterrarse en el interior de las iglesias; pero ésa es otra historia, de la que, quizás, si ustedes me lo permiten, les hablaré en el futuro.
Mausoleo romano de Puerta de Gallegos (inicios siglo I d. C.)
Desiderio Vaquerizo -Catedrático de Arqueología. UCO-, Mas alla de la vida, Diario Córdoba, 29 de mayo de 2010